martes, 28 de septiembre de 2010

Sentado en el bar de Ciudad

Cuandos estoy tranquilo, me pasa algo raro. Es como si las emociones fluyesen de mi cabeza, y se me saliesen por los ojos, en arranques de lágrimas. O de golpe algo en mi mente se descuelgaa y empiezo a escuchar mi corazón. Me dan ganas de gritar, y de subirme a las mesas. De golpe tengo kilos de amor para dar, y exploto dandolos a quien y a lo que puedo. Me vuelvo una especie de ladrón, que quizá roba dando. Y siento una soledad imbarrible. Camino, y abrazo a un arbol, y me quedo sintiendo su piel, y después paso, y lo veo, y le digo, quizá hasta en voz alta, "Chau, hermano". O miro una baldoza, y me tira hasta el piso, me arrastra a un deseo increíble de llorar, me vuelvo un flujo de partículas entre más partículas.
Pero después entro a un bar, y me siento en una silla, pero algo me impide abrazar o besar a los que tengo al lado. Hay como un miedo, un bloqueo, un muro. Algo que me separa de todos y reprime la "vibración".
Quisiera poder mirarlos a los ojos, dejando que fluya el torrente de emociones que tengo adentro, franqueando este terror. Pasar a ser una verdadera comunidad.
Ahora lo entiendo a Nietzche. Por suerte todavía a algún lado puedo llegar.

1 comentario:

  1. Éste es definitivamente mi favorito.
    Hay otros que pegan donde duele, y eso me hace dudar. Por suerte logro diferenciarlos.

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